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¿Dónde queda la seguridad para vacunarse ? Editorial Diario Extra Hoy 17.

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Editorial

Con gran asombro vimos en los últimos días que países como Alemania, Francia, Italia, España, Portugal, Dinamarca, Irlanda, Tailandia, Eslovenia y Letonia suspendieron la aplicación de la vacuna contra la Covid-19 elaborada por la casa farmacéutica AstraZeneca.
Pero vemos aún con mayor sorpresa que acá, en Costa Rica, la Comisión Nacional de Vacunación y Epidemiología dirigida por el ministro de Salud Daniel Salas insiste en mantener la inmunización con esta vacuna a pesar de los efectos adversos que podría generar en el organismo.
Si bien actualmente se está vacunando a los costarricenses con inyecciones de la casa farmacéutica Pfizer, no estamos exentos de que lleguen al país insumos de otras marcas sobre las cuales no se tiene plena seguridad de sus efectos.
De hecho, con bombos y platillos las autoridades anunciaron que estas vacunas de AstraZeneca llegarían hasta Tiquicia a finales de este mes, sin embargo, con este escenario habría que ver quiénes estarán dispuestos a arriesgarse y ponérsela.
Entonces nos preguntamos adónde queda el derecho del asegurado a poder estar tranquilo de que al vacunarse no tendrá efectos secundarios que puedan provocarle hasta la muerte, como ha sucedido en otras partes del mundo.
La casa farmacéutica ha repetido como disco rayado que los casos de trombosis no tienen que ver con su vacuna, pero cuál carnicero sería capaz de decir que su carne es mala.
Tampoco se ha podido comprobar que estas inyecciones no son las causantes de los problemas de salud que ha tenido la gente y cada vez se conoce de más incidencias en personas inyectadas con resultados poco alentadores.
Ante este panorama, ¿con qué cara serán capaces las autoridades nacionales de decir que es obligatorio vacunarse con un producto que no sabemos qué consecuencias nos van a provocar?
¿O será que se harán responsables si alguien muere a causa de que le aplicaron esta inyección? Y con esto no nos referimos a que pueda doler el brazo o que vaya a dar catarro o dolor de cuerpo, de esos efectos a desarrollar coágulos sanguíneos hay una diferencia abismal.
Deberíamos aprender un poco más de los países de primer mundo, que tienen como prioridad a sus habitantes y no se desvelan por sumar personas vacunadas sin medir las consecuencias.
Empecemos por que, actualmente, se inmuniza al personal de salud y los adultos mayores de nuestros hogares; los primeros resultan fundamentales en la lucha durante y después de la pandemia de modo que arriesgarlos resulta una barbaridad, y para nadie es un secreto que los segundos muchas veces suman varios padecimientos como para todavía tener la preocupación de que les podría suceder algo peor si les aplican la vacuna de AstraZeneca.
Muchos afirman estar esperando a ver qué dice la Organización Mundial de la Salud (OMS), sin embargo, si tomamos en cuenta el accionar que tuvo con la declaratoria de la pandemia y la gestión de esta crisis planetaria, cada país debería trabajar en sus propias previsiones.
Ellos piden no entrar en pánico, pero alguien tiene que tomar en serio la vida de las personas que se deben vacunar, porque no son cosas ni muebles que pueden repararse o reponerse. A veces, la ciencia se deshumaniza al centrarse en las cifras.
A pesar de que esta vacuna es de las más económicas del mercado, no resulta justo que la escojan por eso y no porque se trate de la que menos efectos adversos tenga o la que más eficacia haya demostrado.
Recordemos que lo barato puede salir caro y los muertos que no hemos registrado por un tema del Covid podríamos sumarlos por un medicamento del cual todavía no se conocen realmente sus efectos adversos.