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Auxiliares de vuelo hablan sobre reacciones adversas a la vacuna COVID-19

Lisa Williams, auxiliar de vuelo de una importante compañía aérea, no quería vacunarse contra COVID-19, pero, en contra de su conciencia se arremangó entre lágrimas y el 2 de septiembre recibió la dosis para poder mantener su trabajo y alimentar a sus tres hijos.

“Me senté en la silla de la clínica, me arremangué, pedí a Dios que me perdonara y lloré”, declaró Williams a The Epoch Times. “En el momento en que me clavaron la aguja en el brazo, el dolor me subió por el cuello y no he vuelto a ser la misma”.

Williams no quiso revelar la aerolínea para la que trabaja, pero dijo que se vacunó para mantener su trabajo.

“No tengo otra opción”, indicó. “Tengo facturas que pagar y tres niños que mantener en la escuela”.

El día que recibió la vacuna, Williams empezó a tener fuertes dolores de cabeza y espasmos musculares que la despertaban del sueño. Después que se fue a la cama permaneció allí durante cuatro días en un “estado casi de coma”, añadió.

“Si no hubiera sido por los buenos amigos, me habría acostado en esa cama y habría muerto”, dijo a continuación. “El 7 de septiembre, cuatro de mis amigos vinieron y me hicieron ir al servicio de urgencias”.

Según Williams, le empezaron a aparecer otros síntomas.

“Sentía como si un elefante estuviera sentado en mi pecho”, dijo la auxiliar de vuelo, haciendo una pausa entre frases para respirar correctamente. “Mis pulmones hasta el día de hoy no se llenan del todo”.

“Tenía los ojos hinchados, casi cerrados y sentía náuseas, fatiga y mucha tos”.

Antes de vacunarse, Williams, de 51 años, dijo que solo tomaba suplementos hormonales para los síntomas de la posmenopausia.

“Aparte de las vitaminas y las cosas para regular mis hormonas, no tomaba ningún medicamento”, añadió. “Iba al gimnasio y hacía ejercicio. Yo estaba sana”.

Además de las molestias físicas que experimenta, sus problemas de salud también le causan problemas económicos, indicó Williams, añadiendo que después de estar de baja durante ocho semanas, presentó una reclamo de indemnización por accidente laboral, pero le fue denegada.

“Yo no tenía ningún tiempo acumulado en mi banco de salud”, dijo. “Yo tengo miles de dólares de deuda en la tarjeta de crédito. Antes de esto, tenía un saldo cero en mis tarjetas de crédito. Estas son todas deudas relacionadas con la medicina”.

Aunque le resultó difícil, Williams volvió a trabajar al cabo de ocho semanas. Le encantaba ser auxiliar de vuelo y ha dedicado tres décadas a este trabajo.

Desde que recibió la vacuna, el día a día ha sido difícil —el trabajo lo es aún más— pero dice que “tiene que seguir adelante”.

“Tengo que trabajar. Tengo que pagar mis facturas”, dijo, sollozando. “Tengo un dolor constante”.

Williams relató que está siendo tratada por molestias en las articulaciones, dolores de cabeza frecuentes, espasmos musculares y dolencias estomacales.

“Estoy tomando antiinflamatorios y una pastilla para las migrañas que me cuesta 100 dólares por pastilla”, añadió.

Al principio la azafata solicitó una exención religiosa, pero se la denegaron. Luego, solicitó una exención médica porque tuvo COVID-19 en diciembre de 2020, pero la aerolínea no acepta la inmunidad natural como exención.

COVID-19 es causado por el virus del PCCh, comúnmente conocido como el nuevo coronavirus que se originó en China a finales de 2019.

Según Williams, su próximo paso sería ir a la Clínica Cleveland, donde “parecen entender” los efectos negativos de la vacuna contra el virus del PCCh.

The Epoch Times, con el consentimiento de Williams, obtuvo un diagnóstico oficial de su médico. Se indica que sufre una “reacción adversa a la vacuna COVID-19”, que incluye fatiga, mialgia y dolor en las articulaciones.

“Me vi obligada a jugar a la ruleta rusa con mi empleador para salvar mi carrera y mantener a mi familia”, indicó Williams. “Yo perdí”.

Adrianna Uballe, otra auxiliar de vuelo, dijo que también se vacunó contra COVID-19 “bajo coacción” y tuvo complicaciones de salud.

Ella también intentó obtener una exención religiosa y se la denegaron.

“Yo llamé a mi representante sindical para que me aconseje”, dijo en una declaración escrita. “Esperaba un buen consejo y ayuda, pero en su lugar todo lo que obtuve fue miedo. Me dijeron que se había acabado el tiempo y que no tenía muchas opciones”.

Según Uballe, el representante del sindicato le dijo que podía “solicitar una excepción médica”, pero que probablemente se la denegarían. Luego la animaron a “ponerse la vacuna o ser despedida”.

“Me dieron que si me vacunaba ese día (3 de noviembre) y enviaba una foto de mi carnet de vacunación, ella (Recursos Humanos de la aerolínea) se los quitaría de encima. Fue entonces cuando cedí y me puse la vacuna de J&J. Yo estaba aterrorizada”, dijo a continuación.

Aproximadamente 24 horas después de recibir la vacuna, Uballe empezó a sentirse mal.

“Tuve una reacción alérgica grave a la inyección”, relató. “Me llevaron al servicio de urgencias porque la lengua, los labios y la garganta se adormecieron y sentía un hormigueo. Entonces empezó el picor”.

Uballe dijo que le empezó a picar todo el cuerpo. Luego se sintió aletargada, acalorada y sudorosa, con un “horrible dolor de cabeza”.

“Estaba débil y apenas podía estar de pie”, añadió. “Se me hinchó la cara, y [no] podía meter suficiente aire en los pulmones al respirar y tenía dolor en el pecho en el lado derecho”.

Mientras Uballe seguía luchando contra las reacciones de su cuerpo a la vacuna, recibió una carta de evaluación de su compañía aérea en la que sigue de baja sin sueldo por lo que está sin poder pagar sus facturas, dijo a continuación.

“Solo un número”
Durante 28 años, Jennifer Kiernan ha trabajado para una aerolínea y ha sido una empleada “ejemplar”. Ahora, es “solo un número” que está en el “limbo” en lo que respecta a su situación laboral, indicó”.

“Yo decidí a no vacunarme porque tengo una enfermedad preexistente”, dijo Kiernan. “Ellos [la aerolínea] me lo negaron, luego solicité una exención religiosa y me la negaron”.

La asistente añadió que paga aproximadamente 60 dólares al mes por pertenecer al sindicato de su aerolínea, por lo que pensó que podría buscar apoyo a través de ellos, .

“Le dije a mi representante sindical que no quería la inyección y [le pregunté] qué podía hacer” y “me dijo que mordiera la bala y me pusiera la vacuna J & J porque era una vacuna de una sola vez, y así podría conservar mi trabajo”.

La experiencia dejó a Kiernan amargada y enfadada con su empleador.

“Estoy con permiso sin sueldo porque recibí una carta de evaluación sin resolución a la vista”, dijo. “Tengo facturas como todo el mundo”.

La auxiliar de vuelo de 52 años indicó que le encanta lo que hace para ganarse la vida. Ella no querría hacer otra cosa porque le encanta la parte de hospitalidad de su trabajo y disfruta ayudando a las personas.

“Ellos pueden contratar a alguien de la mitad de mi edad con la mitad de salario”, dijo. “En la aerolínea todo es cuestión de dinero y de imagen. Nunca tuve una carrera de apoyo como la que tienen algunas personas, como una licencia de agente inmobiliario”.

A diferencia de sus hermanas, Kiernan nunca se casó ni tuvo hijos y ahora cuida y mantiene económicamente a su madre de 89 años.

Kiernan declaró que conoce a Williams y ha visto lo que la inyección le ha hecho. Debido a una enfermedad preexistente, indicó que desconfía de la vacuna. Si la vacuna puede “convertir a una mujer perfectamente sana” en alguien que apenas puede moverse, ¿qué le hará a ella?

“Tengo el gen BRCA-1”, dijo Kiernan. “Es raro, y soy la cuarta de cinco hijos en mi familia a los que se les ha identificado este gen”.

El gen BRCA-1 es una mutación “que me pone en un riesgo mucho mayor de desarrollar cáncer de mama o de ovario en comparación con alguien que no tiene la mutación”.

“Yo perdí a mi hermana por un cáncer de mama”, agregó. “Decidí someterme a una mastectomía completa y a una histerectomía para reducir mis posibilidades de padecer cáncer como tratamiento preventivo. Me da miedo esta inyección”.

Los amigos se han convertido ahora en sus enemigos, según la azafata.

“Ahora son los vacunados contra los no vacunados dentro de mi círculo de amigos y compañeros de trabajo”, dijo a continuación. “Tengo buenos amigos que he perdido por mantener mis principios. Personas que creía que eran mis amigos me han llamado ‘rata de la peste’ en las redes sociales”.

Los Centros para el Control y Prevención de Enfermedades (CDC) de Estados Unidos sostienen que las vacunas COVID-19 son “seguras y eficaces”.

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Fuente: The Epoch Times en español

Fuente: The Epoch Times en español

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